Un dolor, cien explicaciones

Solo con el título ya sientes lo que significa. Puede que lleves meses, o años, viviendo y lidiando con un dolor. Tu dolor. Ese dolor que comenzó en su momento, sin pena ni gloria, aparentemente como un dolor normal. De los que suele tener la gente normal. Pudo comenzar con un gesto o actividad en concreto, o asociado a una lesión clara que te diagnosticaran. O puede también que no tuvieses un culpable claro entonces, y simplemente empezaste a notar molestias intensas un día cualquiera, sin saber a ciencia cierta a que se debían.

La cosa es que en ese momento, aunque pudiese resultar intenso ese dolor, tu dolor, uno piensa que en breves se irá. Como suele suceder con los dolores, ¿no? Dejas que pasen los días, tomas algo de medicación o incluso acudes a algún profesional sanitario. Médico, fisioterapeuta. Quien sea. Le comentas tu problema, y parecen tranquilos con lo que te suceden. Muestran seguridad, confianza. Saben la respuesta a tu dolor. Y eso siempre tranquiliza. Si fuiste el médico, puede que te explorase, pautase medicación o prescribiese una prueba de imagen. Cumples esos pasos, y con la prueba en mano, el médico te dice que ahí está. Ese comienzo de degeneración, ese principio de artrosis, esos primeros trazos de abombamiento del disco. Todo con términos que a veces no comprendes del todo. Te pauta algo más para que te tomes en casa, igual te menciona alguna infiltración o técnica algo más invasiva, y cita sacada para más adelante. Vuelta a seguir con tu vida. 

O puede que hayas ido al fisio. Misma confianza y seguridad. Te dice la cusa de tu dolor, te explica cómo ha sucedido, procede a aplicarte numerosos tratamientos en consulta, y te cita unas cuántas sesiones para continuar tratamiento y ver cómo sigues avanzando.

Pero ese dolor no termina de irse. Ni con la medicación, ni con los distintos tratamientos que has recibido. Y no solo que no se vaya, sino que empieza a volverse más desagradable. Lo notas más tiempo, con mayor intensidad, y cada vez te limita en más actividades de tu día a día. Empiezas a preocuparte y a frustrarte. Esto debería de haberse ido ya. Has seguido al pie de la letra lo que te han marcado distintos profesionales. Lo que se suele hacer para el dolor, y esto solo empeora.

Vuelves al médico. Te dice, todavía con confianza, que con el cambio de medicación, ahora sí que se te irá el dolor. Te manda a lo mejor otra prueba de imagen, te da la opción de técnicas invasivas, o te deriva a otros profesionales médicos. Haces caso a todo el mundo, con esperanza de que esto vaya mejorando. Y a cada médico nuevo, una explicación nueva.

— Parece que lo que tienes en esta vértebra lumbar está generándote todas esas molestias.

— ¿Te han mencionado cómo tienes el sacro?

— En esta analítica que te mandé, tienes el factor reumatoide alterado. Puede que esto sea la causa de todo, y no te lo hayan visto antes.

— No sabemos bien lo que te pasa, pero esta nueva técnica suele funcionar en pacientes como tú.

— Supongo que sabrás lo que es la fibromialgia. 

Vas cambiando de fisio, porque a cada cual que vas, no te produce mucha mejoría en tu dolor. Y si la hay, no suele durar mucho:

— Parece que tu columna está desalineada.

— Claro, al tener esto acortado, compensas por aquí y eso ha hecho que poco a poco se haya mantenido este dolor.

— Aquí no te vamos a tratar solamente los síntomas. Buscaremos el origen.

— Con estos 3 ejercicios, irás notando cambios.

— Esto es lo que está haciendo realmente que tu columna sufra.

—Tu dolor es psicológico, lo genera el cerebro porque tu sistema está en modo alarma. 

Mientras, en tu casa, no paran de salirte vídeos en redes sociales de distintos profesionales, con igual o mayor confianza que los que te han atendido presencialmente, contándote la causa definitiva a tu dolor.

Mientras, en la calle, con tu familia o amigos, te dicen continuamente que su prima o el amigo del amigo, tenía algo parecido a lo tuyo, y que con X tratamiento o en X sitio se le fue del todo.

Y aquí estás tú. Después de cien explicaciones, preguntándote por qué tras intentarlo continuamente, tras ir de un lado a otro, tras mantener esperanza, ese dolor, tu dolor, no parece irse. Y por qué los que deberían de saber, no parecen ponerse de acuerdo para decirte lo que ocurre.

Solo podemos decirte que no estás sol@ en esto. Tu dolor es real. Tiene un sentido y un porqué. Lo que pasa es que ese porqué a veces no se puede saber del todo. Y por eso recibes tantas explicaciones distintas, todas ellas con la mejor de las intenciones. No nos ponemos de acuerdo los profesionales sanitarios. Pero aún así hoy en día se sabe mucho sobre el porqué de tu dolor. Y lo principal que debes saber es que no depende de una única causa. Hay muchos factores que te han llevado hasta aquí, y muchos de ellos son complicados de modificar. Pero saber que tu dolor es complejo y diverso, ya es un paso enorme. Ya no se trata de una falsa esperanza de que con EL tratamiento abordaremos LA causa que eliminará finalmente TU dolor. Aceptar la incertidumbre de tu dolor, y de su explicación, es ya un paso muy valioso para ir gestionando todo esto. Y que al menos las cien explicaciones que hayas recibido dejen de suponer un sufrimiento añadido a tu situación.

Por esto podríamos empezar cualquier profesional sanitario a la hora de darte una explicación sobre tu dolor. Sin intentar darte una en concreto, siendo honestos y empáticos contigo. Y a partir de ahí, abrazar la incertidumbre y acompañarte en tu proceso de gestión y manejo del dolor. Ese punto de partida puede que nos lleve antes donde queremos. 

Comparte esto:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *